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PODCAST

Educación técnica en Colombia:
¿más oportunidades o nueva desigualdad?

Cada vez más jóvenes eligen educación técnica y tecnológica en Colombia, una ruta corta hacia el empleo que aún carga estigmas.

El último año del colegio suele venir acompañado de una pregunta inevitable: ¿qué estudiar después? Para miles de jóvenes colombianos, ese momento llega alrededor de los 16 o 17 años. Algunos miran hacia la universidad, con carreras de cuatro o cinco años. Otros consideran una "ruta más corta hacia el trabajo": la educación técnica o tecnológica.

 “Se gradúan muy pequeños. Les estamos pidiendo a los y las jóvenes del país que tomen decisiones muy certeras sobre su futuro laboral en edades muy tempranas", fue una de las frases con las que se abrió la conversación del videopodcast Nadie nos pidió esto, titulado Educación técnica vs. universidad.   

Y esa decisión ocurre en medio de un sistema educativo que se está transformando. Cada vez hay más programas técnicos, tecnológicos y universitarios, más instituciones y más estudiantes que logran llegar a la educación posmedia.

Pero, ¿estas nuevas rutas realmente están ampliando las oportunidades para los jóvenes o están cambiando la forma en que se distribuyen las desigualdades?

  • Nadie nos pidió esto es un espacio de divulgación rigurosa y accesible, respaldado por la excelencia académica de la Universidad de los Andes.

 

  • A través de voces expertas y enfoques pedagógicos, ofrecemos análisis profundos y datos confiables que ponen en perspectiva los temas económicos y políticos de nuestra sociedad.

 

  • Transformamos el conocimiento en un bien común, traduciendo la investigación y el pensamiento crítico en un lenguaje claro y cercano.

¿Por qué el mercado laboral necesita más técnicos?

El crecimiento de este tipo de formación en Colombia tiene una explicación clara: el mundo del trabajo en el país necesita cada vez más ese tipo de habilidades.

Según Natalia Ariza, exviceministra de Educación Superior, muchas decisiones educativas se toman sin conocer realmente cómo funciona el trabajo en el país. “Pocos conocen el mercado laboral colombiano”, señala Ariza. “El nuestro es, ante todo, técnico y tecnológico”.

Esto significa que muchas ocupaciones —desde áreas industriales hasta servicios especializados— requieren habilidades prácticas que no siempre se adquieren en programas universitarios tradicionales.

Las cifras oficiales respaldan esa tendencia. Según el Observatorio Laboral para la Educación del Ministerio de Educación (OLE), el 77,4 % de los graduados de educación superior logró vincularse al sistema productivo formal en 2023, incluyendo técnicos, tecnólogos y profesionales.

Además, algunos programas técnicos muestran tasas de empleabilidad particularmente altas. Datos citados por el OLE indican que ciertas especialidades tecnológicas —como mantenimiento industrial o soporte de sistemas— pueden superar el 90 % de inserción laboral poco después de graduarse.

Sin embargo, las decisiones educativas siguen enfrentando un problema estructural: la falta de orientación. Para el economista Darío Maldonado, profesor de la Escuela de Gobierno de la Universidad de los Andes, “la gente sí piensa en el mercado laboral… lo que pasa es que tienen información incorrecta” e insiste en que los colegios deberían tener más herramientas para orientar esas decisiones.

El capítulo 4 de Nadie nos pidió esto se grabó en el Centro de Atención Integrada (CAI) de la Universidad de los Andes. De izquierda a derecha: Angélica María Gómez (moderadora), Natalia Ariza, Adriana Lloreda y Dario Maldonado.

Educación técnica vs. universidad: quién estudia qué en Colombia

Aunque muchas empresas necesitan técnicos y tecnólogos, la percepción social en Colombia sigue siendo distinta.

Durante años, en muchas familias colombianas la universidad ha aparecido como la meta natural después del colegio. La formación técnica o tecnológica, por su parte, suele verse como una alternativa diferente, más breve y enfocada en habilidades específicas para el trabajo.

“Tenemos un estigma con la educación técnica y tecnológica… está como en un círculo vicioso”, advierte Ariza.

Ese estigma se refleja en quiénes eligen cada camino educativo. Datos del Sistema Nacional de Información de la Educación Superior (SNIES) y del Laboratorio de Economía de la Educación (LEE) muestran que los estudiantes de estratos altos (5 y 6) representan menos del 5 % de la matrícula en programas técnicos. En estos programas predominan jóvenes de estratos 1 y 2.

Para Adriana Lloreda, líder de la Alianza por la Inclusión Laboral, este patrón revela un problema más profundo. Las decisiones educativas no siempre responden a intereses vocacionales, sino a condiciones sociales.

Y sin embargo, los números apuntan en una dirección que pocos esperarían. Según el Ministerio de Educación, los egresados de educación técnica y tecnológica presentan una tasa de empleabilidad del 72 %, frente al 66 % de los profesionales universitarios en sus primeros años de graduación. De cada 100 egresados de carreras técnicas y tecnológicas, 89 consiguen empleo rápidamente, una cifra que deja pequeña la narrativa del techo salarial. 

Maldonado lo pone en términos económicos: si la técnica forma más rápido, cobra menos matrícula y coloca antes en el mercado, entonces el retorno sobre la inversión puede superar al de una carrera universitaria —no a pesar del salario menor, sino precisamente por eso—. Lo que parece una desventaja se convierte, en números, en un atributo. 

El crecimiento de la educación técnica en Colombia

Mientras estas discusiones continúan, el sistema educativo colombiano está cambiando.

La cobertura de educación superior alcanzó cerca del 57 % de los jóvenes en 2024, según estimaciones del MinEducación, impulsada por el crecimiento tanto de universidades como de instituciones técnicas y tecnológicas (entre 5 % y 6 % anual).

Ese avance revela una transformación silenciosa del sistema posmedia: cada vez más jóvenes están entrando a rutas educativas diferentes a la universidad tradicional.

Sin embargo, ese cambio ocurre en medio de desigualdades regionales, estigmas culturales y un mercado laboral que cambia más rápido que los programas académicos.

Para Lloreda, el verdadero desafío es entender que no existe una única trayectoria educativa válida. El sistema debería ofrecer múltiples caminos posibles.

Porque al final, como resume el debate del episodio, la discusión no es solo sobre títulos o diplomas. Es sobre cómo se organiza el futuro laboral del país.

Y ahí aparece nuevamente la pregunta central:

¿La expansión de la educación técnica y tecnológica en Colombia está democratizando las oportunidades… o está creando una nueva forma de dividir el acceso al trabajo, según el origen social de cada estudiante?

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Vigilada Mineducación. Reconocimiento como Universidad: Decreto 1297 del 30 de mayo de 1964. Reconocimiento personería jurídica: Resolución 28 del 23 de febrero de 1949 Minjusticia.

Vigilada Mineducación. Reconocimiento como Universidad: Decreto 1297 del 30 de mayo de 1964. Reconocimiento personería jurídica: Resolución 28 del 23 de febrero de 1949 MInjusticia.

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