En Colombia, una mujer trans tiene una expectativa de vida de apenas 35 años. En un país donde la discriminación, la violencia y la exclusión han marcado sus trayectorias, llegar a la madurez es un acto de resistencia. Solo entre enero y septiembre de 2025, al menos veinticinco mujeres trans fueron asesinadas. Y, sin embargo, Cinderella cumplió 64 y Andrea, 60.
Fotos: Daniel Álvarez
Este documental sigue sus historias: mujeres que han sobrevivido contra todo pronóstico, han tejido comunidad y han hecho de la vejez un acto de dignidad, no de abandono.
Nos recibe, en un edificio de cinco pisos en la calle 26 de Bogotá, con su sonrisa amplia. Cinderella es cálida, alegre, de carácter. Las escaleras de su hogar son una metáfora de su vida: giros abruptos, escalones de una lucha permanente por sobrevivir y florecer. Radicada en Bogotá desde 1985, Cindy vivió de cerca los años más difíciles de discriminación y agresiones contra las mujeres trans en las calles. Consciente de lo dura que puede ser la vejez sin un espacio propio, decidió salir adelante con su propio esfuerzo hasta construir su hogar y asegurar un apartamento para arrendar. Hoy habita su vida con gratitud, fe y el orgullo de haber conquistado su autonomía para vivir plenamente «como una señora».
Más allá de su independencia, su relato conmueve por el amor hacia su comunidad. Para Cindy, la mayor satisfacción de estar viva es mirar atrás y saber que a su generación le tocó «abrir trocha» entre violencia y olvido para que las identidades jóvenes encuentren hoy un camino pavimentado hacia la dignidad.
Hija de una madre campesina de Boyacá, Andrea conoció de cerca las agresiones y la violación de derechos humanos tras viajar al exterior en la década de los 90 y ejercer el trabajo sexual en calle. Esa dura experiencia le transformó la mirada y la impulsó a organizarse con sus compañeras para transformar su realidad desde el apoyo mutuo. Hoy, desde una fundación en Bogotá, dedica sus días a acompañar a trabajadoras sexuales, personas con VIH y habitantes de calle, brindándoles herramientas diarias como orientación para hojas de vida y entrevistas para salir adelante.
Lo que mueve a Andrea es el amor profundo por su comunidad y la urgente necesidad de garantizar una vejez digna para todas, convencida de que el respeto a sus vidas no puede quedarse en el papel. Su lucha diaria busca dejar un legado sólido y estructurado para que las futuras generaciones continúen abriendo caminos desde la resiliencia, el cuidado mutuo y la defensa constante de sus derechos.
Abandonada a los 6 años en un autobús en el centro de Bogotá por instrucción de su padrastro, Marcela Agrado creció en las calles y sobrevivió durante décadas a la violencia, la discriminación y el olvido en el sector de Santa Fe. Sin garantías ni derechos reconocidos durante la mayor parte de su vida, su relato expone la cruda realidad de quienes debieron resistir en medio del desamparo absoluto para afirmar su identidad.
Lejos de rendirse, Marcela eligió las aulas para transformar su vida y reescribir su historia. En El Castillo de las Artes —un antiguo burdel convertido en espacio de aprendizaje comunitario— cursó desde la primaria hasta graduarse como bachiller del Colegio Panamericano, demostrando con orgullo que la edad jamás es una barrera para salir adelante y proyectando hoy su meta de ingresar a la universidad a estudiar Psicología
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Vigilada Mineducación. Reconocimiento como Universidad: Decreto 1297 del 30 de mayo de 1964. Reconocimiento personería jurídica: Resolución 28 del 23 de febrero de 1949 Minjusticia.
Vigilada Mineducación. Reconocimiento como Universidad: Decreto 1297 del 30 de mayo de 1964. Reconocimiento personería jurídica: Resolución 28 del 23 de febrero de 1949 MInjusticia.
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