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La vida, aquí, ocurre con transparencia: es una forma distinta de habitar el mundo. Poco se oculta en el resguardo indígena Kankawarwa.
Cinco y cuarenta de la mañana. La luz se insinúa en las montañas de la Sierra Nevada de Santa Marta. Me despierta el ruido de la ropa restregándose contra las piedras del río. Huele a leña quemada. La vida, aquí, ocurre con transparencia: es una forma distinta de habitar el mundo. Poco se oculta en el resguardo indígena Kankawarwa.
Las casas sin puertas revelan una vida abierta, como si no existieran secretos.
Gabriela Caroli estudia biología y antropología. Tiene 21 años. Al rato camino con ella entre los habitantes de Kankawarwa, en medio de brotes de cacao, de café, de maíz, de papa y en una atmósfera de respeto profundo por la naturaleza como fuente de vida. Al otro lado de estas montañas, a veces se nos olvida eso. Ella lleva casi dos años, entre Bogotá y la Sierra, en compañía de la comunidad iku y ha entendido que las relaciones no se imponen, se cultivan. Desde la experiencia.
“La confianza, aquí, parte de la inexistencia de jerarquías. Surge desde lo genuino, sobre la confianza y el reconocimiento mutuo, incluso desde el buen humor”, me explica mientras enfoco con la lente de mi cámara.
Gabriela aprende en este cruce de caminos, en este puente entre dos mundos, en apariencia, lejanos. Y me convierto en testigo mientras registraba un ‘intercambio de saberes’ o ‘interculturalidad’, palabra tan repetida cuando se habla de desarrollo. Escucho a los más jóvenes narrar sus historias, sus viajes a otros contextos urbanos donde estudian o trabajan; los oigo sobre cómo preservar viva su lengua, sus rituales, sus costumbres…
“Resalto las palabras de un mamo. Nos decía: ‘Compartir el conocimiento, siempre, es pensar en un futuro; quedárselo es ir desapareciendo’”, me cuenta Seynabun Zapata, un joven iku apasionado por la fotografía.
En ese intercambio, varios jóvenes del resguardo están siendo certificados en multimedia, escritura, lenguas nativas, cartografía y otras áreas. “Para nosotros también es necesario mejorar la lengua materna, construir herramientas para las escuelas, pero hechos junto con las autoridades nuestras. Es lo más pertinente, construir iniciativas en defensa de la cultura”, dice Luis Enrique Salcedo, gobernador del pueblo arhuaco Magdalena y Guajira y enlace entre los mamos y quienes venimos de occidente.
Aprendo yo, también. Contribuir al país es aportar a la preservación del medio ambiente, de lo ancestral y, como dicen ellos, promover los derechos humanos con igualdad, como todos nos lo merecemos. La diferencia no es una barrera, es una oportunidad de entendimiento. Me quedo con eso. Uno se va, aunque no del todo: a la Sierra me la llevo palpitando en el pecho. Retratar lo que para muchos no es sagrado es un verdadero reto.
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Vigilada Mineducación. Reconocimiento como Universidad: Decreto 1297 del 30 de mayo de 1964. Reconocimiento personería jurídica: Resolución 28 del 23 de febrero de 1949 Minjusticia.
Vigilada Mineducación. Reconocimiento como Universidad: Decreto 1297 del 30 de mayo de 1964. Reconocimiento personería jurídica: Resolución 28 del 23 de febrero de 1949 MInjusticia.
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