Actualidad y análisis

Hombres trans: la lucha por no perderlo todo

Por Lina Fernanda Sánchez Alvarado
lf.sancheza@uniandes.edu.co

En medio de la invisibilidad y la discriminación, hombres trans han unido sus voces para garantizar el acceso a la libreta militar y a la interrupción voluntaria del embarazo como parte esencial de una vida digna.

Él es Simón Uribe. Hay, dice mientras junta sus manos, mucha potencia y transformación en amarse y ser amado siendo una persona trans. “Es una herramienta para darle la vuelta a la incomprensión e injusticia que recibimos”.

Con firme convicción, Simón Uribe pronuncia en voz alta una de las frases que más sentido ha tenido en su vida. Cita a Susan Stryker, una activista, teórica y cineasta estadounidense con un papel fundamental en el desarrollo de los estudios trans en la academia: “Las personas trans perdemos mucho cuando hacemos el tránsito, pero nos ganamos a nosotros mismos”. Complementa diciendo: “Ganarnos a nosotros mismos es estar cómodos en la propia piel, sin que eso nos implique vivir con miedo”.

Sentado junto a Simón está Jhonnatan Espinosa, defensor de derechos humanos y activista transmasculino, que coincide con lo que acaba de señalar su hermano de lucha. Respira y agrega: “Ser un hombre trans en Colombia es un acto de resiliencia y resistencia”. Los hombres trans son personas que se identifican como hombres, pero fueron clasificados como mujeres al nacer. Un grupo históricamente discriminado que ha enfrentado un sinnúmero de vulneraciones a sus derechos.

“A pesar de que el país tiene un marco legal robusto con una Corte Constitucional que ha defendido y promovido los derechos de las personas trans, todavía existen muchos obstáculos”, concluye el documento Cartografía de derechos trans en Colombia, del Programa de Acción por la Igualdad y la Inclusión Social (PAIIS), de la Facultad de Derecho de la Universidad de los Andes, el Aquelarre Trans y OutRight Action International.

Tomás Anzola, de la Fundación GAAT (Grupo de Acción y Apoyo a Personas con Experiencia de Vida Trans), asegura que con la invisibilidad viene la impunidad y el temor de salir a la calle pensando si lucen o no como la foto del documento, si el nombre coincidirá con el de la base de datos del policía de turno o si serán acusados de suplantación.

Libreta militar: una sin salida

“Hace 10 meses un compañero, que llevaba más de una década como contratista, hizo el cambio de sexo. Mientras eso pasaba se quedó cinco meses sin trabajo porque le exigían la libreta y, mientras tanto, ¿cómo sostenía a su familia?”, se pregunta Jhonnatan. Las cifras respaldan su preocupación: 5,3 % de los hombres trans cuentan con contrato laboral, según el informe de PAIIS. Por esa razón muchos se mueven en un círculo de extrema pobreza e informalidad.

Eso sucede porque, en Colombia, los varones necesitan la libreta militar para acceder a un empleo formal. Obtenerla es un callejón sin salida. Previo a solicitarla, se debe cambiar el sexo en los documentos de identidad, un procedimiento que podría costar entre 250.000 y 300.000 pesos y que no todos pueden pagar.

Desde GAAT, Tomás Anzola ha acompañado unos 250 procesos de cambio de sexo en los documentos. Solo 35 % fueron para hombres trans, los otros fueron para mujeres trans. Así, quedarían sin definir la situación militar quienes no pueden hacer el cambio en la cédula o prefieren mantener la (F) en el documento para protegerse de batidas de la Fuerza Pública.

En 2017, cuando se sancionó la Ley 1861, los hombres trans quedaron en un limbo jurídico, pues no fueron exonerados de prestar el servicio, lo que sí ocurrió con las mujeres trans. Eso explica por qué, por ejemplo, un hombre que hizo el cambio a los 30 años fue multado por ser considerado remiso desde los 18 años.

Dejusticia y los colectivos transmasculinos han recomendado al Ejército Nacional crear protocolos especiales para quienes quieran prestar el servicio, brindando condiciones dignas y seguras. Así también lo ordenó la Corte Constitucional en la Sentencia T-099 de 2015. La revista Puntos contactó al área de reclutamiento del Ejército Nacional para conocer si se han implementado algunos procedimientos, pero al cierre de la publicación no se había recibido respuesta.

Simón se ha negado a sacar su libreta militar porque dice que puede exponerse a ser patologizado, es decir, ser forzado a acogerse a un diagnóstico psiquiátrico. “Debemos justificar que no somos enfermos mentales; yo me niego a hacer eso porque es injusto y discriminatorio”. Su posición respalda lo que dice un grupo de activistas junto con Dejusticia, en Hombres trans y libreta militar en Colombia: no portar este documento vulnera los derechos a la intimidad, a la identidad y al trabajo digno.

“En ningún momento de mi vida me imaginé que iba a ser víctima de violencia sexual, mucho menos que iba a terminar embarazado. Esto puede sonar horrible, pero con o sin EPS, me hubiera realizado un aborto. Porque literalmente era algo que no podía vivir”, relata un hombre trans en Acceso al aborto seguro para hombres trans y personas no binarias, estudio de Profamilia y la Alianza TransAbortera de Colombia.

Y es que el aborto no es una necesidad exclusiva de las mujeres cisgénero (personas cuya identidad y expresión de género coincide con el sexo biológico que se les asignó cuando nacieron). “Las personas con experiencia de vida trans que han sido asignadas mujeres al nacer tienen también capacidad de gestar y necesidades como la atención prenatal, perinatal, posparto y neonatal o el aborto seguro”, señala el estudio.

Sin embargo, en la sentencia C-355 de 2006, de la Corte Constitucional, sobre la interrupción voluntaria del embarazo (IVE), solo se contempla a las mujeres. El informe insta a incluir conceptos como “personas que se embarazan y abortan”, para así identificar otros cuerpos y subjetividades.

“No estamos en los registros, no estamos en el sistema médico, no estamos en los espacios jurídicos. Podemos acceder, pero terminamos teniendo que escoger entre el derecho a abortar o el derecho que he venido construyendo sobre mi identidad”, contó Martín Junco, de la colectiva AlienHadas, durante el conversatorio ‘Aborto legal en América Latina y el Caribe’, de la Agencia Joven de Noticias en español.

Andrés, quien prefiere cambiar su nombre, fue víctima de una violación correctiva, concepto que se usa para referirse a un crimen de odio para “corregir” la opción sexual de las personas, y tras el hecho quedó embarazado y decidió abortar con fármacos. Sin embargo, estaba en la universidad, no tenía trabajo ni EPS. Lo hizo clandestinamente y el proceso le tomó 2 meses. “Recuerdo que sentí que me arrancaban el estómago”, cuenta y agrega que nunca paró de escuchar en su cabeza las palabras que le decían una y otra vez los violadores y quienes le hicieron el procedimiento: “¡No era pues muy machito!”.

Situaciones como las descritas llevan a Martín a agregar que hay una persecución en el acceso a este derecho, lo que hace que se muevan en círculos de marginalidad y terminen en lugares clandestinos. Se vulneran las identidades de género y se enfrentan a procesos que no son cuidadosos con sus cuerpos. Producto de esto, Atravesados y AlienHadas crearon la Alianza Transmasculina Abortera de Colombia (ATAC) que ha planteado rutas de atención diferenciales. ATAC ha acompañado interrupciones entendiendo el cuidado más allá de lo clínico.

En el reciente estudio de Profamilia, la encuesta revela un desconocimiento de los métodos anticonceptivos y la falta de claridad sobre los efectos secundarios de las terapias hormonales en la fertilidad, lo que los expone a embarazos no deseados.

Uno de los encuestados puntualiza: “Soy un hombre que sangra, que gesta, que puede parir y decidir sobre su cuerpo. Esto último sin duda es emancipación, reconocimiento de lo que soy y de lo que puedo exigir a otros sobre mí”.

Activismo y música, dos amores que se unen en Jhonnatan Espinosa Rodríguez. Aquí, uno de sus ensayos con la batucada Euforia Trans, en el Centro de Atención Integral a la Diversidad Sexual y de Géneros.

libro artículo hombres trans

El futuro es sin género

Autora compiladora: Sandra Sánchez López. Ediciones Uniandes*

Recoge historias de infancias trans en Colombia, Argentina y Chile. Incluye reflexiones sobre un oficio periodístico incluyente, en el que se haga más transparente el compromiso político de la comunicación y se dejen atrás los temores y prejuicios frente a los encuentros entre periodismo y activismo.


*Cuadernos de Periodismo /Centro de Estudios en Periodismo (CEPER)/ Universidad de los Andes.