Alfarería para vivir el presente: el poder de crear con las manos ¿Qué puede enseñarnos el barro sobre el bienestar y la manera de relacionarnos con el mundo? Margarita Echavarría lo investiga.

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Antes de convertirse en una vasija, una escultura o cualquier otro objeto, el barro es una masa que espera ser transformada. Basta imaginarla entre las manos: está fría, húmeda y cede ante la presión de los dedos. Si se aprieta demasiado, pierde su forma; si se trabaja con paciencia, empieza a convertirse en algo distinto. No hay una única manera de hacerlo ni una garantía de que el resultado será el esperado. Hay que tocar, probar, observar y volver a intentar.

Margarita Echavarría conoce bien ese proceso. Se pone en cuclillas, con el cuerpo inclinado hacia adelante y las piernas flexionadas. Lleva el cabello oscuro recogido, gafas y una blusa clara. Entre sus manos sostiene una pieza redonda, de barro. La mira de cerca, concentrada. A su alrededor hay vasijas de diferentes tamaños y formas, algunas alargadas, otras más pequeñas, dispuestas sobre bloques de ladrillo. Cada una parece guardar las huellas de un proceso distinto.

Echavarría es diseñadora y profesora de la Universidad de los Andes. Estudió Diseño en esta institución y cursó una Maestría en Diseño enfocada en los oficios en la University of New South Wales, en Australia, donde recibió una beca por excelencia académica. Desde hace más de 20 años explora las relaciones entre las personas, los materiales y las prácticas artesanales. La cerámica ocupa un lugar central en esa búsqueda.

Su interés por el hacer también tiene una historia personal. Después de la muerte de su padre, encontró en las actividades manuales una manera de atravesar el dolor. “En el duelo yo no podía pensar con claridad, pero podía hacer y pensar haciendo”, recuerda.

Esa experiencia abrió una pregunta que hoy también atraviesa sus investigaciones: ¿qué ocurre en las personas cuando crean con las manos? ¿Puede ese proceso relacionarse con su bienestar emocional?

En 2025, una revisión sistemática titulada The effects of crafts-based interventions on mental health and well-being: A systematic review examinó 19 estudios sobre intervenciones basadas en oficios. Todos reportaron mejoras a corto plazo en al menos uno de los aspectos evaluados, como ansiedad, estrés, estado de ánimo o autoestima.

Sus autores, sin embargo, advierten que la calidad de la evidencia es variable y que todavía hacen falta investigaciones más rigurosas para establecer cuánto tiempo se mantienen esos efectos.

Aprender con las manos: lo que enseña un oficio

Trabajar con barro exige prestar atención. El material cambia con la humedad, la presión y el tiempo; no siempre responde como quien lo manipula espera. Por eso, hacer una pieza implica aprender a reconocer sus características, ajustar los movimientos y aceptar que el resultado puede tomar otro rumbo. No basta con imaginar una forma: hay que descubrir cómo construirla.

Mrgarita Echavarría

 

Echavarría ha encontrado aprendizajes similares al acercarse a comunidades artesanas. En La Chamba, Tolima, por ejemplo, la alfarería tiene más de 300 años de historia. Más del 80 % de las cerca de 300 familias de la vereda participa directamente en este oficio, transmitido entre generaciones.

En 2019, la UNESCO incluyó en su Registro de Buenas Prácticas de Salvaguardia una estrategia colombiana que busca, precisamente, preservar los oficios tradicionales mediante el intercambio de conocimientos entre maestros artesanos y aprendices. La enseñanza ocurre, sobre todo, mientras se trabaja: observando y practicando.

Su investigación también la llevó a Bali, Indonesia, donde exploró cómo el hacer podía convertirse en una forma de comunicación con otros artesanos. Aunque no compartieran el mismo idioma, podían observarse, imitarse y aprender juntos.

“Yo los podía imitar. Imitar la labor, imitar lo que estaban haciendo. Y nos fuimos comunicando desde el hacer”.

En un momento en que la inteligencia artificial y las herramientas digitales permiten generar imágenes, diseñar objetos y modelar formas, el contacto con el barro plantea otra experiencia. Una pantalla puede mostrar cómo sería una pieza, pero no permite notar su resistencia ni descubrir con los dedos cuánto puede ceder antes de deformarse. Esa interacción física —en la que el material también condiciona las decisiones— no se reemplaza con una representación digital.

Por eso, Margarita habla del barro como de algo que también participa en la creación. “Yo acá tenía como esta teoría de que el barro es una entidad o un agente vivo”, explica. Trabajarlo supone aceptar sus cambios y renunciar a controlar cada detalle.

“El barro también me enseñó que uno se puede reinventar mil veces, como que las cosas se pueden hacer, destruir y volver a reconstruir”, dice.

Después de moldear, alisar y dejar secar una pieza, todavía queda el horno. “Hace la mitad, pero nunca se sabe que va a salir”.

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Vigilada Mineducación. Reconocimiento como Universidad: Decreto 1297 del 30 de mayo de 1964. Reconocimiento personería jurídica: Resolución 28 del 23 de febrero de 1949 Minjusticia.

Vigilada Mineducación. Reconocimiento como Universidad: Decreto 1297 del 30 de mayo de 1964. Reconocimiento personería jurídica: Resolución 28 del 23 de febrero de 1949 MInjusticia.

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