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La geografía de Colombia —su mayor riqueza— se está convirtiendo en su mayor vulnerabilidad económica. La inflación sube y tú estás pagando el precio.
Hay gastos que golpean de inmediato al consumidor: el mercado más caro, el recibo de la luz más alto, los pasajes más costosos… hay otros silenciosos, escondidos detrás de explicaciones que parecen más familiares —el dólar, el salario mínimo, la inflación global—. Todos surgen de la misma raíz: el clima.
3,9 puntos porcentuales podrían sumarse a los precios de los alimentos en Colombia. No por el dólar ni por el salario mínimo, sino por el clima. Esa misma variable opera, imperceptible, en las tarifas de energía, en el precio de los tiquetes aéreos, en los medicamentos y en múltiples gastos cotidianos que siguen aumentando sin que muchos sepan por qué.
El contexto no es menor. Según el informe Situación Colombia de BBVA Research, publicado en 2026, la inflación repuntará hasta el 6,5 % al cierre del año, impulsada, entre otros factores, por variables ambientales.
Lo que antes parecía un problema lejano duele en el bolsillo. Todo se está encareciendo.
El vínculo no siempre es evidente a primera vista, pero sí cada vez más profundo. Para Bart van Hoof, profesor de la Universidad de los Andes y asesor de políticas del Ministerio de Ambiente en Colombia, Perú y Uruguay, buena parte del país todavía no dimensiona hasta qué punto el clima afecta el costo de vida.
"El impacto del clima ya está presente en variables que solemos leer por separado, como el dólar, los salarios o el precio final de los productos”, resume el experto.
Fenómenos meteorológicos extremos impactan el precio de la gasolina al interrumpir refinerías, rutas de transporte y la oferta global de crudo. Foto: AFP
Una de sus repercusiones más inmediatas está en los alimentos. Entre enero de 2025 y enero de 2026, el café y sus derivados subieron 48,25 %, las frutas frescas 9,23 % y otros productos 5,11 %, según el DANE. Lo que el consumidor paga en el supermercado lleva, sin saberlo, el peso del clima.
En el caso del café, como explica van Hoof, cuando las lluvias intensas coinciden con la etapa de floración, la polinización puede verse afectada y la cosecha reducirse drásticamente pocos meses después. La consecuencia es directa: menos producción, menores ingresos para el campesino y precios más altos para el consumidor.
Según la Federación Nacional de Cafeteros, la producción nacional cayó 34 % en enero de 2026 frente al mismo periodo del año anterior, golpeada por rezagos climáticos acumulados desde finales de 2025.
Pero el efecto no termina en el campo. También se extiende por toda la cadena de distribución. El experto señala que incluso productos importados terminan absorbiendo sobrecostos derivados del clima, pues el transporte y la logística se vuelven más costosos cuando fenómenos extremos afectan infraestructura, movilidad o combustibles. En otras palabras, buena parte de lo que llega a manos del consumidor ya carga una fracción de costo climático antes de entrar a la tienda.
Y el sistema financiero tampoco ha quedado por fuera. En un país altamente vulnerable como Colombia, donde confluyen zonas inundables, regiones de calor extremo y territorios propensos a deslizamientos, el riesgo ambiental empieza a modificar el valor del dinero.
Según explica Bart van Hoof, “la ubicación de una vivienda o un lote influye cada vez más en el costo de los seguros y en las condiciones de financiamiento, pues entidades financieras y aseguradoras comienzan a incorporar el riesgo climático dentro de sus análisis”. Vivir en una zona expuesta no solo implica más peligro: también cuesta más.
Para van Hoof, “el impacto ambiental ya atraviesa prácticamente toda la economía colombiana, aunque muchas veces pase desapercibido para el consumidor”. No se trata solo de alimentos más caros, sino de aumentos que se extienden a múltiples sectores y terminan reflejándose en el costo general de vida.
Su efecto se siente en varios frentes:
porque cada sequía prolongada tensiona el sistema eléctrico y eleva tarifas.
porque los eventos extremos encarecen la logística y afectan el abastecimiento.
porque el aumento de enfermedades asociadas al clima eleva servicios médicos y el costo de medicamentos.
A eso se suma otro componente casi invisible. Como advierte el profesor van Hoof en temas ambientales, muchos consumidores "ya pagan cargos relacionados con sostenibilidad o compensación ambiental sin notarlo directamente, porque estos aparecen diluidos dentro del precio final de lo que compran”.
Y ese peso no cae igual sobre todos. Un análisis de economistas de la Universidad de los Andes concluye que la inflación sigue siendo uno de los impuestos más regresivos del país, afectando con mayor fuerza a hogares pobres y vulnerables que a sectores de ingresos medios y altos.
En ese contexto, van Hoof lanza una advertencia que resume el panorama completo: “el clima no reemplaza las causas tradicionales de la inflación, pero sí empieza a atravesarlas todas. La pregunta no es si seguirá encareciendo la vida de los colombianos, sino cuánto más lo hará”.
Ahora, modelos climáticos internacionales advierten que un nuevo fenómeno de El Niño podría consolidarse entre junio y agosto de 2026 y, según estimaciones de organizaciones internacionales, puede perfilarse como uno de los episodios más intensos en décadas.
Si ese escenario se confirma, la pregunta será inevitable: ¿cuánto más puede encarecerse la vida en Colombia cuando el próximo gran golpe climático vuelva a sacudir la economía?
El cambio climático incrementa el precio de los medicamentos al encarecer su producción y transporte, afectar productos por temperaturas extremas y generar fallas en el abastecimiento. Foto: AFP
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Vigilada Mineducación. Reconocimiento como Universidad: Decreto 1297 del 30 de mayo de 1964. Reconocimiento personería jurídica: Resolución 28 del 23 de febrero de 1949 Minjusticia.
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