El Premio Nobel de Medicina 2026 fue otorgado a Karl Deisseroth, Peter Hegemann y Georg Nagel por descubrimientos que hicieron posible el desarrollo de la optogenética, una técnica que permite controlar con gran precisión la actividad de células nerviosas mediante luz.
La historia de la optogenética comenzó con un alga verde unicelular llamada Chlamydomonas reinhardtii. Allí, Peter Hegemann y Georg Nagel estudiaron una proteína sensible a la luz capaz de abrir canales en la célula cuando recibe un estímulo luminoso. Más adelante, Karl Deisseroth encontró la manera de aprovechar ese mecanismo en las neuronas. El resultado fue una técnica que permite activar o inhibir células nerviosas con luz, como si se instalara en ellas una especie de interruptor, y estudiar con mucha más precisión cómo funcionan los circuitos del cerebro.
La importancia de este avance se entiende mejor al compararlo con las herramientas que existían antes para estudiar el cerebro.
Fernando Cárdenas, director del Laboratorio de Neurociencia y Comportamiento de la Universidad de los Andes, explica que durante años los investigadores utilizaron distintas estrategias para entender qué función cumplían determinadas regiones del cerebro y qué ocurría al activarlas o inhibirlas.
“Una posibilidad era administrar sustancias y observar los cambios; después fue posible llevarlas directamente hasta una estructura cerebral específica. También se utilizó la estimulación eléctrica. El problema era la precisión: estas herramientas podían afectar muchas células al mismo tiempo, sin permitir identificar exactamente cuáles eran responsables de la respuesta observada”, explica Fernando Cárdenas, Ph.D. en Psicobiología y Neurociencia Comportamental por la Universidad de São Paulo.
Una misma región del cerebro puede contener distintos tipos de neuronas y utilizar diferentes neurotransmisores. Por eso, estimular toda un área permite observar una respuesta, pero no necesariamente saber qué células la producen. Con la optogenética, en cambio, los investigadores pueden concentrarse en poblaciones específicas.
“Por ejemplo, si quiero saber qué pasa con las neuronas de serotonina de una región del cerebro, sin alterar las de dopamina, puedo hacerlo. Eso permite entender con mucha más claridad qué está pasando”.
Esa precisión permite pasar de una pregunta general —¿qué hace esta zona del cerebro?— a preguntas mucho más específicas: ¿qué hacen determinadas neuronas dentro de esa zona?, ¿qué ocurre si se activan?, ¿qué cambia si se inhiben?
Nobel de Medicina 2026:
¿Qué aplicacciones tiene la optogenética?
La optogenética es una de las herramientas más útiles de investigación en neurociencia. Permite estudiar los circuitos que participan en procesos como la memoria, el miedo, la recompensa, la adicción, el movimiento y otros comportamientos, así como los mecanismos relacionados con distintas enfermedades neurológicas y psiquiátricas.
Una de las enfermedades que se puede estudiar con esta técnica es el Parkinson.
“En el Parkinson se degeneran neuronas que producen dopamina y sabemos qué circuitos del cerebro están afectados. La optogenética permite estudiar qué ocurre cuando modificamos la actividad de esas células. Eso ayuda a entender mucho mejor cómo funcionan esos circuitos y qué posibilidades podrían explorarse en el futuro”, explica Cárdenas.
Cárdenas también menciona trastornos como la depresión, la ansiedad o la esquizofrenia, en los que diferentes sistemas neuroquímicos están involucrados.
La optogenética en pacientes
Ese potencial no significa que la optogenética sea hoy un tratamiento disponible para enfermedades como el Parkinson, la depresión o el Alzheimer. La mayor parte de los estudios todavía se realiza en modelos animales y trasladar la técnica a humanos implica varios retos.
En el campo de la visión, en cambio, ya existen pruebas en personas. En 2021, un paciente con retinitis pigmentosa, una enfermedad hereditaria que daña progresivamente la retina y provoca una pérdida gradual de la visión, recuperó parcialmente la capacidad de percibir objetos después de recibir una terapia optogenética en la retina. Desde entonces, otros ensayos clínicos han seguido explorando esta estrategia en enfermedades degenerativas de la visión.
Por eso, más que una cura inmediata, la optogenética es hoy una herramienta para hacer preguntas más precisas sobre el cerebro. Y ese conocimiento puede convertirse, con el tiempo, en la base de nuevas estrategias terapéuticas.
Un Nobel a la ciencia básica
Para Cárdenas, el reconocimiento también deja una lección sobre la importancia de la investigación básica. La optogenética no nació de la búsqueda directa de un tratamiento es del estudio de proteínas sensibles a la luz presentes en microorganismos.
“Ese recorrido de un alga unicelular a una herramienta capaz de intervenir circuitos neuronales resume buena parte de lo que reconoce el Nobel de Medicina 2026: cómo una pregunta básica sobre la respuesta de una célula a la luz terminó transformando la manera de estudiar uno de los sistemas más complejos del cuerpo humano, el cerebro”. Luis Fernando Cárdenas (Ph.D.) en Psicobiología y Neurociencia Comportamental