Cada mañana, millones de colombianos en las ciudades abren la llave del agua, sirven un plato de comida o sostienen una taza de café sin detenerse a pensar en las manos que hicieron posible ese milagro cotidiano. Detrás de cada bocado está la seguridad alimentaria del país, pero también un rostro, una historia de resistencia, unas manos que trabajan la tierra bajo el sol y una deuda histórica que el país urbano aún no termina de saldar con su campo.
Es precisamente en esa frontera invisible entre la comodidad de la ciudad y la generosidad de la ruralidad en Colombia donde el profesor Felipe Roa-Clavijo descubrió el propósito de su vida.
Ecólogo de la Universidad Javeriana, doctor en Desarrollo Internacional por la Universidad de Oxford y hoy profesor de la Escuela de Gobierno Alberto Lleras Camargo de la Universidad de los Andes, Felipe no es un académico convencional. Su trabajo —reconocido en 2019 con el Premio Nacional Alejandro Ángel Escobar en Ciencias Sociales y Humanas— ha logrado lo que parecía imposible: transformar la alimentación en un debate político de primer orden, demostrando que la comida no es solo una mercancía o un asunto biológico, sino la herramienta de construcción de paz más poderosa que posee el país.
De la burbuja urbana a la ruralidad en Colombia
Para entender el alcance de su trabajo, hay que volver a la raíz humana. Felipe creció en el norte de Bogotá, en el seno de una familia de clase media, rodeado de música, poesía y una inmensa curiosidad por el mundo. Sin embargo, a los 20 años, una salida de campo a Altos de Cazucá (Soacha) rasgó para siempre la "burbuja" en la que vivía.
En medio de laderas cubiertas por casetas de plástico y tejas de zinc —donde se albergaban miles de familias en el pico histórico del desplazamiento forzado de 2001-2002—, Felipe escuchó el testimonio de doña Marta, una madre que dormía en el piso con sus tres hijos tras el asesinato de su esposo. Aquel dolor le reveló una verdad desgarradora: el conflicto urbano era, en realidad, un campo despojado.
Detrás de cada estadística de violencia había campesinos despojados de sus fincas, de sus tradiciones y de la comida que ellos mismos sembraban. Ese día, en el lugar más pavimentado del país, nació su "momento fundacional": la promesa indestructible de trabajar por el desarrollo rural para que los campesinos puedan vivir con dignidad en su tierra.
Poco después, esa promesa lo llevó a las montañas de Río Frío (Valle del Cauca). Cargando su equipaje tras bajarse de una chiva y caminando por senderos de herradura junto a niños campesinos, Felipe fue acogido por la familia Bedoya Medina. Allí, viviendo entre cafetales, aprendiendo a cosechar plátano y almorzando hasta tres veces al día en distintos hogares para no rechazar la infinita generosidad campesina, Felipe comprendió que la ruralidad en Colombia posee una sabiduría y una dignidad que las ciudades no pueden seguir ignorando.
Poner la comida en el centro de la política nacional
Ese arraigo dio origen a su obra cumbre: La política en el plato: debates sobre la alimentación en Colombia. Fruto de más de 130 entrevistas e investigación participante durante los paros agrarios de 2013, el libro analiza las históricas negociaciones entre el Gobierno Nacional y los movimientos campesinos.
El trabajo de Felipe logró situar la comida como un tema político central en la agenda pública colombiana. Durante aquellas movilizaciones, las pancartas urbanas con la frase "Presidente, los campesinos produjeron su desayuno" evidenciaron que el debate agrario trasciende la propiedad de la tierra: se trata del reconocimiento del campesinado como sujeto de derechos y del equilibrio necesario entre la soberanía y seguridad alimentaria.
Su investigación demostró que el alimento es un puente capaz de sentar en la misma mesa a actores en orillas opuestas —desde expresidentes y líderes campesinos hasta científicos globales— para acordar que el derecho humano a la alimentación es el cimiento de la reconciliación nacional.
"Es importante leer este libro para entender el diálogo con los sectores agrarios, la importancia que tiene ese diálogo para el futuro del país, porque sin ese diálogo no vamos a encontrar las soluciones que tenemos en la mano" Presidente Juan Manuel Santos en la presentación de libro ‘Política en el plato’ en la Filbo 2024
Impacto en cifras: La urgencia de transformar el sistema agroalimentario
El trabajo académico y social del profesor Roa-Clavijo aporta datos contundentes que claman por una acción inmediata en el país:
- La dolorosa brecha territorial: Mientras Bogotá registra una pobreza multidimensional del 2,2 %, en los centros poblados y zonas rurales dispersas de Vichada alcanza el 63,3 %, según DANE, en su medición de pobreza multidimensional de 2025.
- La paradoja de la nutrición: Colombia es un país de enorme riqueza agrícola, pero el 64 % de sus adultos tiene sobrepeso u obesidad, mientras la desnutrición sigue cobrando vidas: 157 menores de cinco años murieron por esta causa en 2025, según el World Obesity Atlas y el Ministerio de Salud
- Dependencia vs. potencial de producción: Colombia importa el 85 % del maíz y el 72 % de la soya que consume, pese a contar con cerca de 43 millones de hectáreas de frontera agrícola, un potencial que la convierte en uno de los países con grandes oportunidades para fortalecer su producción de alimentos, según el DNP.
- Semillas para el futuro: A través de un proyecto interactivo 360° sobre el banco de semillas de Bioversity/CIAT, en Palmira, Felipe ha acercado a más de 8.000 personas a la labor de conservación de 67.000 variedades de fríjol, yuca y forrajes, fundamentales para la diversidad agrícola y la alimentación del futuro.
Educar con la tierra en las manos y soñar el futuro
En la Escuela de Gobierno. el profesor Roa-Clavijo revoluciona la enseñanza de la política pública al sacar a sus estudiantes del aula tradicional hacia una experiencia vivencial. Fiel a su convicción de que las decisiones de Estado no se comprenden solo desde un escritorio, lleva anualmente a sus alumnos a fincas campesinas y bancos de conservación como Semillas del Futuro en Palmira para cosechar la tierra y dialogar directamente con las familias agricultoras, al tiempo que implementa metodologías activas como Lego Serious Play para mapear en tres dimensiones los actores, recursos y vacíos de las políticas agroalimentarias.
"El alimento es lo que conecta todas estas dimensiones: conecta lo rural con lo urbano, lo local con lo nacional; pero el alimento es también identidad, es cultura y es construcción de paz. Si el campo se transforma, el país se va a transformar también" Felipe Roa-Clavijo
