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Síndrome de ovario poliquístico: nombrar mejor para tratar mejor

Médicos, pacientes y organizaciones internacionales trabajaron por 14 años para renombrar el Síndrome de ovario poliquístico (SOP) con el fin de ampliar y mejorar el tratamiento de una condición que afecta aproximandamente a 1 de cada 10 mujeres en el mundo.

Síndrome ovárico poliendócrino metabólico (SOMP) es el nuevo nombre del síndrome que, aunque parece largo y abrumador, es un reflejo de la dificultad de una condición históricamente simplificada y reducida a un problema ovárico y de fertilidad. 

Durante años, la investigación médica ha presentado una brecha de desigualdad entre hombres y mujeres. Según un informe del Foro Económico Mundialaunque las mujeres tienden a vivir más años que los hombres, pasan un 25 % más de su vida con mala salud.  

Por si fuera poco, el Foro Económico Mundial también afirma que "el bienestar de la mujer capta solo el 6 % de la inversión privada en salud. El capital sigue concentrado en tres áreas —salud reproductiva, atención materna y cánceres femeninos— que, en conjunto, representan casi el 90 % de la inversión”. 

A la complejidad social de la feminidad se suma la dificultad en el tratamiento de su saludSer vistas y estudiadas principalmente desde la capacidad de engendrar, así las condiciones de los cuerpos femeninos vayan mucho más allá que esto.

¿Acaso la investigación ignora síntomas porque no están directamente relacionados con la reproducción¿Cómo el centrar esfuerzos en solo una parte de una condición médica ha contribuido a un tratamiento generalizado y, en algunos casos, erróneo? 

Del SOP al SOMP

El cambio de Síndrome de ovario poliquístico (SOP) a Síndrome ovárico poliendócrino metabólico (SOMP) responde a una razón de fondo. El antiguo nombre describía únicamente uno de los posibles hallazgos de la enfermedad: la presencia de ovarios poliquísticos. Sin embargo, se trata de una alteración endocrina y metabólica que puede comprometer múltiples órganos y sistemas del cuerpo. 

En Colombia, se estima que entre el 6 % y 12 % de las mujeres en edad fértil presentan SOMP, aunque muchas no han sido diagnosticadas.

Se ha entendido al Síndrome ovárico poliendócrino metabólico (SOMP) de manera errónea. Aura María González Yamil, ginecóloga y especialista en endocrinología ginecológica y climaterio de la Fundación Santa Fe, explica que se ha reducido esta condición a "una alteración netamente ovárica".

“Se trata de un problema metabólico crónico que aumenta el riesgo de desarrollar condiciones cardiometabólicas a futuro", advierte Aura María González. 

En otras palabras, la condición altera la forma en que el cuerpo utiliza la energía, regula el azúcar en la sangre y procesa distintas hormonas. Con el tiempo, esos desequilibrios pueden aumentar el riesgo de desarrollar diabetes, hipertensión, enfermedad cardiovascular o hígado graso.

La realidad de lo que hoy llamamos SOMP es mucho más profunda: se puede manifestar en ciclos irregulares o ausencia total de la menstruación, exceso de andrógenos, que produce acné, alopecia androgénica o crecimiento de vello grueso en zonas como el rostro, el pecho o los muslos; además de resistencia a la insulina, obesidad y apnea obstructiva del sueño. 

"La palabra poliquístico hizo pensar durante muchos años que el problema eran los ovarios. Pero realmente estamos frente a una enfermedad endocrina que compromete distintos sistemas", explica González. 

Por esa razón, el nuevo nombre incorpora los términos metabólico y poliendocrino, que reflejan mejor la complejidad de la enfermedad. Más que un cambio de palabras, reconoce que una misma condición puede explicar síntomas que durante años parecían no tener relación entre sí: desde el aumento de peso, la resistencia a la insulina o el cansancio persistente, hasta el acné, la caída del cabello o el crecimiento excesivo de vello.

El peligro de generalizar

Para muchas mujeres, el diagnóstico comienza por alteraciones en la menstruación o dificultades para quedar embarazadas. Sin embargo, esos síntomas representan apenas una parte del cuadro clínico. 

En Colombia, se suele diagnosticar SOMP cuando la paciente presenta al menos dos de los siguientes criterios:

  • Ciclos irregulares o ausencia de menstruación.
  • Presencia de quistes ováricos en ecografía.
  • Niveles altos de andrógenos (exceso de vello o acné). 

Diagnosticar únicamente teniendo en cuenta estos criterios es una decisión riesgosa. Atribuye y pone sobre la mesa síntomas que podrían no deberse, necesariamente, a esta condición. 

Los "sí" y los "no" en el tratamiento

Durante años, uno de los tratamientos más frecuentes para mujeres con SOMP ha sido la prescripción de anticonceptivos hormonales. Aunque pueden ser útiles para corregir algunos síntomas, como regular los ciclos menstruales o disminuir el hiperandrogenismo, los especialistas advierten que no deben entenderse como la solución universal para todas las pacientes, ya que estos por sí solos no corrigen las alteraciones endocrinas y metabólicas de la enfermedad.

Esa idea, explica González, ha llevado a muchas pacientes a creer que el problema desaparece mientras toman anticonceptivos. 

"Centrar el tratamiento en hacer menstruar a la mujer funciona como un simple placebo: una pausa donde el endometrio se inestabiliza para sangrar, sin corregir el problema de raíz."

Cuando el tratamiento se interrumpe, agrega la especialista, es frecuente que reaparezcan los síntomas porque la condición de base sigue presente.

El Síndrome ovárico metabólico poliendócrino no tiene una cura definitiva, pero sí un tratamiento capaz de controlar los síntomas, reducir el riesgo de complicaciones y mejorar la calidad de vida. Como sus manifestaciones varían entre pacientes, el manejo debe ser individualizado.

Para González Yamil, ese abordaje comienza con modificaciones en el estilo de vida, como una alimentación equilibrada, actividad física y control del peso cuando es necesario. Según los síntomas de cada mujer, también pueden incorporarse medicamentos para la resistencia a la insulina, anticonceptivos hormonales, tratamientos para el exceso de andrógenos y acompañamiento en salud mental.

Ese cambio también se refleja en la forma de atender la enfermedad. Si durante años el síndrome fue abordado principalmente desde la ginecología, hoy el consenso internacional que logró el renombramiento de la condición, recomienda un manejo interdisciplinario que puede involucrar especialistas en endocrinología, nutrición, medicina interna, dermatología, psicología y ginecología, de acuerdo con las necesidades de cada paciente.

El cambio de nombre no cambia la enfermedad. Pero sí puede cambiar cómo la entienden las pacientes, cómo la diagnostican los médicos, cómo la investigan, cómo la cubren los sistemas de salud. 

Aunque se trata de un gran avance científico que contribuirá a la mejora en la atención médica y calidad de vida de más de 100 millones de mujeres en edad fértil, es también un reflejo de las brechas de acceso a correctos espacios de tratamiento para patologías congénitas. 

“Las mujeres tienen características biológicas y sociales que influyen en cómo responden a distintas condiciones de salud… No se trata de verlas como un ‘bicho raro‘, sino de reconocer que existen diferencias fisiológicas que hacen necesario estudiarlas desde un enfoque diferencial e individualizado".

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Vigilada Mineducación. Reconocimiento como Universidad: Decreto 1297 del 30 de mayo de 1964. Reconocimiento personería jurídica: Resolución 28 del 23 de febrero de 1949 Minjusticia.

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