El crecimiento económico de un país como Colombia y el cierre de su gran brecha social no son metas en conflicto. Las economistas Marcela Eslava (Universidad de los Andes) y Marcela Meléndez (Fedesarrollo) exponen que, en Colombia, la equidad y el desarrollo avanzarían juntos si el país logra una transformación productiva que permita a las personas generar ingresos mediante empleos de calidad. No obstante, las políticas de fomento resultan inútiles si el marco normativo y fiscal contradice ese objetivo.
En Colombia, la realidad del mercado laboral evidencia esta desconexión. La mitad de los ocupados opera en la informalidad, un segmento amplio no alcanza el salario mínimo mensual y cerca de un tercio ni siquiera recibe la mitad de ese ingreso. Este panorama no obedece a la inactividad, sino a los micronegocios o actividades de rebusque que no alcanzan a tener un ingreso digno. En el otro extremo, los hogares de mayores ingresos concentran los puestos formales con los que además acceden a mejores servicios de salud y comienzan a ahorrar para la vejez.
Las últimas dos décadas muestran que la desigualdad aumenta cuando la producción se frena. Para revertir la tendencia, la expansión de empresas de más de 10 trabajadores funciona como plataformas para que el talento humano produzca más valor y, por ende, mejores sueldos.
Las cuatro trabas a la expansión empresarial

Informalidad en Colombia – Foto: AFP
Eslava y Meléndez señalan cuatro barreras que impiden la consolidación del tejido productivo formal:
- Sobrecarga extrasalarial: aportes a salud, pensión, riesgos, primas y parafiscales suman alrededor del 60 % sobre el sueldo básico. Colombia lidera la región en este rubro, lo que frena la contratación en negocios pequeños.
- Distorsión del salario mínimo: el mínimo legal supera lo que el mercado laboral real puede asimilar. A diferencia de países donde los costos altos coexisten con mínimos ajustados al contexto.
- Presión tributaria y "enanismo": la tarifa corporativa de renta es la más alta de la región. Los regímenes simplificados creados para aliviarla terminan desincentivando el crecimiento, cuando las microempresas prefieren mantenerse pequeñas para no saltar a un esquema fiscal costoso (enanismo).
- Brecha de formación: pese al mayor acceso a la educación, los resultados en pruebas internacionales como PISA reflejan vacíos en lectura, matemáticas y ciencias, indispensables para encajar en sectores modernos.
El espejismo de los independientes

Muchos independientes toman esta opción por falta de alternativas. Foto: AFP
Casi la mitad de los trabajadores en Colombia son independientes. Salvo profesiones u oficios que funcionan bien a escala reducida, la mayoría de estos negocios surge por falta de opciones. Son unidades de subsistencia sin capacidad de escalar ni de generar puestos de trabajo. Eslava enfatiza en evitar el sesgo por el discurso del "emprendimiento" y evaluar con rigor si una actividad tiene potencial real de generar ingresos estables.
El diagnóstico presentado en la Nota Macro de la Facultad de Economía de Los Andes propone algunas acciones para coordinar la política social con el desarrollo de las empresas:
- Sincronización regulatoria: Eliminar los desincentivos laborales y tributarios que castigan la contratación formal y el tamaño de las empresas.
- Educación pertinente: Orientar el aprendizaje desde la infancia hacia destrezas transversales requeridas por el sector productivo.
- Consolidación de la política de innovación: Concentrar los recursos de innovación y transferencia tecnológica en herramientas escasas, pero de amplio alcance.
- Competencia justa: Fortalecer la supervisión antimonopolio para evitar capturas regulatorias y permitir el ingreso de nuevos competidores.
Transformar el aparato productivo para multiplicar los empleos formales es la palanca central para que la población acceda a la riqueza que produce el país y serrar sus grandes brechas.
Este artículo utilizó inteligencia artificial para sintetizar algunos apartes.