Hay un periodo histórico en el siglo XIX del que los colombianos se deberían sentir orgullosos. En esa etapa, aproximadamente entre 1840 y 1870, países latinoamericanos como México y Colombia crearon una nueva visión de modernidad basada en la libertad, la igualdad y el universalismo. Ingredientes para las naciones democráticas.
Aunque Europa hubiera acuñado el concepto de república, la región todavía vivía bajo monarquías, mientras que en Latinoamérica se estaba poniendo en práctica la construcción de la democracia y de un sistema republicano, lo que el historiador James E. Sanders lo denomina: la modernidad republicana de América.
Sanders, doctor en historia y estudios latinoamericanos por la Universidad de Pittsburgh, describe este periodo en su libro La vanguardia del mundo, que llega al país gracias a la traducción de Ediciones Uniandes y el Fondo de Cultura Económica. El estadounidense descubrió las particularidades de ese periodo mientras investigaba en los archivos de la Biblioteca Nacional de Colombia, donde consultaba periódicos del siglo XIX para analizar la relación del Estado con las tierras de comunidades campesinas, negras e indígenas.
En los recortes de prensa, comenzó a percibir el conocimiento político y la esperanza que ponían las comunidades en su propia voz y en la representación de los partidos políticos. “Ellos estaban utilizando un discurso de republicanismo, de ciudadanía, de libertad, de igualdad, de fraternidad, para conseguir esas metas”.
Por ejemplo, en los registros encontró huelgas contra los impuestos al aguardiente, algo que la legislatura estatal derogó más tarde. En periódicos como El Neogranadino de Bogotá se leían apuntes como “No estamos detrás sino delante del movimiento de civilización universal”, o en La Unión de Popayán se publicaban artículos donde se afirmaba que Colombia estaba a la vanguardia ya que se establecía que “la voluntad del pueblo” era superior a otros poderes y se eliminaba en la sociedad la “jerarquía” de la raza o cualquier otro “elemento de represión”.
Históricamente, Latinoamérica ha mirado hacia Europa buscando un modelo, pero en esos 30 años el ejemplo eran países como Colombia.
"La democracia y el republicanismo representaba el futuro, al tiempo que la monarquía significaba el pasado” – La vanguardia del mundo, James E. Sanders.

James E. Sanders presentó la traducción en la Filbo 2026.
Civilización o barbarie
El profesor de la Utah State University recuerda la tesis del libro clásico de Domingo Faustino Sarmiento, Facundo, donde se expone que la modernidad y la civilización provienen de la ciudad y de Europa, mientras la barbarie sale del campo americano. La propuesta de Sarmiento era imitar a Europa para buscar la anhelada modernidad.
Latinoamérica era vista como un conjunto de “repúblicas de farsa, bufas, un fraude. Aunque (Europa) tenían la forma de la república, sin embargo, solo la fachada”, dice Sanders.
Pero la modernidad política que definió a Latinoamérica en el siglo XIX no miraba a Europa. Aunque en América Latina inició como un proyecto de las élites, las demandas de los sectores populares incluían a personas de diferentes clases y se basaban en el universalismo: la idea de darle valor a la humanidad y derechos a la ciudadanía sin importar el origen de la persona.
Sanders leyó a los académicos que habían escrito sobre el periodo, pero teóricos como Marshall Berman veían el origen de la modernidad en el siglo XX y proveniente de Europa y Estados Unidos. Sin embargo, la prensa mostraba otra cara en la Colombia de mitad del siglo XIX, una más popular. “No eran escritores famosos, eran periodistas de Cali, Barbacoas, Popayán o Pasto. Provinciales. No eran tipos famosos, no eran verdaderamente ilustrados”.
“Yo leí el libro clásico de Jaime Hermigo Uribe como estudiante, es buenísimo, sin embargo, para esto no me interesa ese discurso de los letrados. Me interesan los discursos cotidianos de los pueblos, de las clases medias, como la gente estaba hablando sobre política en tabernas, iglesias, plazas, los zócalos de México y en las galleras”, James E. Sanders.
Poner la idea democrática en marcha

Sanders consultó los periódicos de la época para describir la construcción de la república en Colombia y México.
El profesor cree que no solo es importante el lugar donde algo se concibió o sucedió por primera vez, sino también donde ocurrió la evolución de esa idea.
“América latina había creado una nueva visión de modernidad no basada en la cultura europea”, dice Sanders, quien realizó la misma investigación en México para verificar si ocurría algo similar que en Colombia. Y así fue: la cultura democrática tenía éxito en la región.
Fue uno de los primeros lugares del mundo donde todos los varones podían ser ciudadanos. En Francia hubo un momento corto, de dos o tres años. En México, Colombia, Argentina y Venezuela, el concepto formaba parte de la cultura política y los ciudadanos buscaban hacerlo valer.
“Había una cultura de demostraciones, de peticiones, de asistir a las galerías de los legisladores para averiguar si los representantes estaban haciendo lo que los pueblos querían; de hacer huelgas, de hacer boycotts, de reunir en los guardias nacionales como ciudadanos soldados”.
¿Más democráticas que EE. UU.?
Estados Unidos se podía ver como una república modelo, aunque la esclavitud, la discriminación contra las comunidades indígenas y sus deseos imperialistas desilusionaban a los latinoamericanos, por ser contrarios al espíritu de la ética republicana.
Así que parte de la clase popular en Europa estaba mirando a América Latina para entender sus pasos en materia de republicanismo, democracia y derechos. “Ellos estaban convencidos de que América Latina era el maestro y los europeos los estudiantes”. La gran mayoría de las repúblicas en el mundo estaban en América Latina.
La caída del sueño
Esta modernidad vivida en América Latina, relacionada con la idea de civilización, de la libertad, democracia y universalismo, fue sustituida por la idea que muchos tienen de esa palabra actualmente, la cual se vincula más con la modernidad industrial de Occidente, con su foco en los avances científicos, tecnológicos, comerciales e industriales.
La idea de civilización cambió su enfoque. Los denominados liberales independientes en Colombia perdieron su fe en esa modernidad y decidieron imitar a Europa y los Estados Unidos, ahora económicamente. Para hacerlo era necesario restringir esta cultura de democracia.
Así que en la década de 1880 la visión de la modernidad se enfocó en lo económico y el poder estatal. Así terminó ese periodo, que fue corto, por lo que, como dice Sanders, para muchos estudiosos se ha vuelto una nota al pie de página.

La vanguardia del mundo de James Sanders.
Sin embargo, aunque la Regeneración en Colombia y el Porfiriato en México trataron de borrar esta historia, para el autor “se pueden ver los rasgos del periodo, en la construcción del país con sus reglas sobre la representación de grupos minoritarios, de indígenas o comunidades negras en Colombia. Todavía se pueden ver esos avances democráticos”.
Es cierto que los Estados latinoamericanos del siglo XIX tenían dificultades económicas, inconvenientes para el cumplimiento de las leyes y en la recaudación de impuestos, pero en ese periodo las diversas poblaciones (indígenas, mestizos, artesanos, campesinos) se entusiasmaron con la idea de la república y su papel como ciudadanos.
El trabajo de Sanders en La vanguardia del mundo describe un periodo corto pero profundo de la construcción de Colombia como nación. Pocas veces los países latinoamericanos se sienten orgullosos por sus avances en estos temas; por eso resulta sorpresivo el texto. Definitivamente, es un periodo en el que nos deberíamos sentir orgullosos de las ideas que predominaban en la ciudadanía sobre la construcción de país.