Una taza china llegó a las costas colombianas, y no precisamente por una compra online. Se trata de una cerámica que hace parte del naufragio del galeón San José, que yace a 600 metros de profundidad, cerca de Cartagena.
Para la niña protagonista de la novela gráfica Un crisantemo en el Caribe, la aventura comienza en un día de tedio. En la televisión no pasa gran cosa hasta que, en un noticiero, ve una imagen de una de las tazas que su abuela guarda en los estantes de su casa en Cartagena. ¿Por qué esa taza está en televisión? ¿Por qué su abuela tiene un objeto que, en teoría, debería estar en las profundidades del océano? Esas son las preguntas que se hace la niña, a la que su abuela llama Bolita de tamarindo o alegría de coco, o cualquier otro apodo que haga referencia a los dulces de la costa colombiana.
Las imágenes de la tacita en el fondo del mar fueron también las que inspiraron a Manuel Salge Ferro y a Daniel Aguilar Rodríguez a escribir e ilustrar, respectivamente, Un crisantemo en el Caribe, la novela gráfica de Ediciones Uniandes (121 páginas) que contó con el apoyo del Instituto Confucio de la Universidad de los Andes.

Viñetas de Un crisantemo en el Caribe.
La trama avanza impulsada por la conversación apasionada de Pipa —la abuela, una arqueóloga excéntrica inspirada en la primatóloga Jane Goodall— y la curiosidad desbordante de su nieta. Juntas reconstruyen el viaje de una vajilla moldeada en los hornos imperiales de Jingdezhen, China. Es una odisea que transporta al lector desde Manila, cruzando el Pacífico y atravesando México a lomo de mula, hasta enfrentar el peligroso trayecto hacia Cartagena bajo un persistente "olor a pólvora en el aire" que vaticinaba el acecho de la armada inglesa.
El libro ofrece distintos niveles de lectura: tiene rigor histórico y científico, pero la niña protagonista se asegura de que la abuela no se pierda en las ramas de la historia y llegue, por fin, a explicar cómo terminó esa tacita en el fondo del mar colombiano. En el caso de los autores, fueron sus propias hijas y familiares quienes ayudaron a equilibrar una historia divertida con el rigor histórico.
“Bienes producidos en Asia eran comerciados a través de esa ruta y llegaban a la Nueva España a través de ese Galeón de Manila. Y de vuelta también materias primas muy preciadas y sobre todo la plata americana, la plata incluso acuñada ya en monedas de reales de ocho, que fue la que hizo que todo el imperio chino se unificara” – Manuel Salge Ferro.
Viñetas de Un crisantemo en el Caribe.
Una novela gráfica que combina historia y arte
El libro empezó a tomar forma a partir del interés de Salge por las piezas encontradas en el San José: una curiosidad que ha mantenido junto a arqueólogos, restauradores e historiadores. Doctor en Antropología y profesor de la Universidad Externado, Salge ha trabajado durante más de una década con colegas de otras universidades en artículos sobre la importancia del naufragio del galeón, emboscado por una flota inglesa en 1708. Cuando le habló con pasión de esas tazas a Daniel Aguilar, la novela gráfica empezó a cocinarse.
Aguilar, doctor en Sociología, pero, sobre todo, amante de los cómics y el rock and roll, como se presenta en el libro, asumió el reto de ilustrar el guion que escribió Salge.
“Yo decidí dejarme sorprender por la historia, iba dibujando mientras iba leyendo y me enteré del final de la historia cuando dibujé la última página”. – Daniel Aguilar Rodríguez.
Es una novela gráfica que se lee a distintos ritmos. Uno frenético, con el parloteo de la niña y el relato de la abuela; y otro más pausado, donde las ilustraciones invitan a detenerse en trabajos dispendiosos y bellos, como la elaboración de las tazas.

Daniel Aguilar Rodríguez y Manuel Salge Ferro.
Niños y adultos pueden aprender y disfrutar de la historia. Habrá momentos en los que toque explicar a los más pequeños algunos giros de la trama, pero las ilustraciones —que retoman el color de las tazas, un azul obtenido del óxido de cobalto— siempre están mostrando una acción, describiendo un paisaje o lanzando un comentario.
“Se puede leer como un texto meramente histórico, para que un niño en un colegio aprenda más de finales del siglo XVII. También se puede leer como un cómic de aventura, de misterio, ir sumando fragmentos a una historia donde hay piratas, ratones, amor y romance”, comenta Salge.
“Fue una investigación muy sólida, incluso también en los gráficos, por ejemplo, el apoyo del centro Confucio fue increíble”, dice Aguilar, recordando el acompañamiento del Instituto, que lo guio en temas de vestuario y periodos de la cultura china para no quedarse con una visión cliché desde Occidente.
Un crisantemo en el Caribe es un proyecto que muestra cómo los objetos cuentan historias, cómo empezó a conectarse el planeta y qué revelan esas conexiones sobre nuestra relación con otras culturas. Un ejemplo es el contacto con Asia, “Una conexión mucho más fluida de lo que solemos entender, mucho más fuerte de la que ha quedado en nuestros libros habituales de historia”, afirma Salge. Todo esto guiado por una impaciente niña de nueve años y su apasionada abuela.
