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“Petro es un líder del narcotráfico que fomenta fuertemente la producción masiva de drogas”.
Con esa acusación, publicada en octubre de 2025 en su red social Truth Social, el presidente estadounidense Donald Trump encendió una de las mayores crisis diplomáticas recientes entre Washington y Bogotá.
“Trump está engañado por sus logias y asesores”, respondió el presidente colombiano, Gustavo Petro, al tiempo que defendió la soberanía del país frente a las operaciones antidrogas lideradas por Estados Unidos en el Caribe.
Ahora, casi cinco meses después de ese cruce público, ambos mandatarios se sentaron cara a cara en la Casa Blanca, el 3 de febrero de 2026, en una reunión clave para intentar recomponer la relación bilateral y explorar posibles acuerdos en economía, cooperación en narcotráfico y política exterior.
Para entender qué debería surgir de esta conversación, Revista Puntos consultó al politólogo Felipe Botero, director de Ciencia Política y Estudios Globales en la Universidad de los Andes, y Angelika Rettberg, decana de la Facultad de Ciencias Sociales de la misma institución.
Su análisis permite identificar tanto las oportunidades como los desafíos que rodearon a esta cita diplomática.
Esta fue una reunión dentro de los canales previstos por las relaciones internacionales y la diplomacia. No está circunscrito al territorio de las redes sociales, que es en donde esa relación ha sido muy problemática”,
FELIPE BOTERO, Ph. D. en Ciencia Política.
Para Rettberg, también miembro Comité de Seguimiento a las Recomendaciones de la Comisión de la Verdad (2022–2023), el principal resultado del encuentro fue la recomposición del clima político entre ambos gobiernos.
Este punto es clave si se considera que Estados Unidos es el principal socio comercial de Colombia, con cerca del 30 % de las exportaciones colombianas dirigidas hacia ese mercado. De allí, que los sectores productivos esperan que este acercamiento pueda traducirse en estabilidad jurídica para inversionistas y nuevas oportunidades de comercio bilateral, más allá de las tensiones pasadas.
“Esta reunión tuvo un objetivo que constituía cambiar el tono de la conversación entre Colombia y Estados Unidos, pero también el tono entre dos mandatarios que reconstituyen lo que hay de fondo: décadas de cooperación y de colaboración entre los dos países”, explicó la politóloga.
La política antidrogas vuelve a ocupar un lugar central en la conversación entre Bogotá y Washington, impulsada por cifras que han reavivado la alarma internacional. El más reciente Informe Mundial sobre Drogas de Naciones Unidas puso el foco en Colombia tras reportar un aumento del 53 % en la producción de cocaína, asociado al crecimiento de los cultivos de coca y al repunte global del alcaloide.
En materia antidrogas, Petro sostuvo que las diferencias persistían, pero que se había abierto un canal para trabajar en conjunto.
Defendió la estrategia de desarrollo rural y reiteró que “entre más se reactiven económicamente las fronteras, menos narcotráfico habrá”. También subrayó que Colombia es “el gobierno que más ha incautado y que más personas ha extraditado” por delitos relacionados con drogas.
Botero señala que “la Casa Blanca actual ha sido un gobierno que marca una línea clara en términos de velar por sus intereses […]. Entonces el tema de drogas es central para la relación entre Estados Unidos y Colombia. Ahí debe haber una intención clara de que el gobierno colombiano hará un esfuerzo más claro, más concreto y más efectivo”.
Si bien el cumplimiento de los acuerdos aún están por verse, la reunión simboliza un intento de recomponer relaciones diplomáticas formales, dando paso a canales de diálogo más estables tras meses de confrontaciones públicas.
En palabras de Rettberg: “Una parte importante de esta reunión era recuperar un tono de colaboración entre los dos países y se logró”.
Para muchos analistas, como Botero, la clave está en la implementación de los acuerdos. Aunque el experto no prevé obstáculos insuperables, sí advierte que la relación sigue siendo asimétrica, pues Estados Unidos mantiene mayor peso en las decisiones finales que impactarán ambos países.
Rettberg, en cambio, interpretó el encuentro como un movimiento con efectos internos en Colombia, en plena coyuntura electoral. “Es muy importante para el presidente Petro no ser el que dañó la relación con Estados Unidos. Eso es algo que los votantes colombianos castigarían”, sostuvo.
Al término de la reunión, la atención quedó puesta en el presidente colombiano quien resumió ese viraje con una frase:









Fotos: Presidencia de la República
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Vigilada Mineducación. Reconocimiento como Universidad: Decreto 1297 del 30 de mayo de 1964. Reconocimiento personería jurídica: Resolución 28 del 23 de febrero de 1949 Minjusticia.
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